La Empresa de Cristal

¿Otra colusión? Ya no nos extraña. Últimamente hemos escuchado sobre corrupción en el fútbol, la iglesia, la política y en corporaciones. Nuestra conclusión rápida es que estamos en el peak de la vileza. Sin embargo, estos abusos vergonzosos han existido siempre. Lo que realmente pasa hoy es que están mucho más expuestos que antes: la digitalización facilita que sean registrados y socializados.

 

Hoy todas las instituciones, incluidas las empresas, tienen paredes de cristal. La tecnología altera dramáticamente la forma en que nos relacionamos y nos informamos. La era digital, con sus redes sociales explosivas, sus smartphonescon cámaras oportunas y sus periodistas ciudadanos, desvanece murallas y distancias, consiguiendo que todo lo que hacemos, hablamos y transamos, sea registrado y comunicado masivamente con mucha facilidad. Incluso aquello que está al interior de las organizaciones y que antes estaba protegido por la complicidad.

 

La probabilidad de que una actuación incorrecta quede registrada en bits y bytes y sea expuesta públicamente es cercana a uno. Las comunicaciones totales permiten que las personas sean educadas respecto de los estándares éticos globales y salgan de su inocencia tradicional, permitiéndoles comprender que algunos de los actos que atestiguan no pueden ser aceptados mansamente como hasta hoy. No sólo eso, los mecanismos digitales de asociación han dado un poder a las comunidades que antes no tenían, por lo que los individuos, que se sentían aislados e indefensos, hoy se fortalecen al poder asociarse para construir rápidamente grandes movimientos y ejercer fuerzas muy superiores a las anteriores, capaces de derribar a líderes corruptos, levantar nuevos héroes o complicar a grandes empresas.

 

Si en el siglo pasado era la religión la que imponía un vigilante omnipresente capaz de observar nuestros actos y castigar en la próxima vida a aquellos que no cumplían con sus mandamientos, hoy tenemos una nueva omnipresencia: la red. La tecnología y sus usuarios observan a todos en cada mínimo movimiento, los juzgan y les aplican un castigo social inmediato si lo merecen, poniendo el detalle de cada actuación en manos de quien quiera conocerla.

 

Pero esto recién comienza. Dentro de poco veremos nuevas formas de evaluación social. Las comunidades se organizarán mucho mejor, darán mayor estructura a sus nuevas posiciones de poder y ejercerán presiones irresistibles sobre aquellos que no jueguen con reglas que

les parezcan justas y equitativas. Fortalecidos sus resultados exitosos, las comunidades digitales detectarán los nuevos intentos de corrupción tempranamente, a partir de sus primeros indicios. Los evolucionados sistemas de reputación estándares en las empresas nativas digitales se trasladarán al mundo físico y determinarán las decisiones de los consumidores. La inmensa capacidad de informar de las plataformas digitales permitirá incluso que las comunidades identifiquen a los culpables individuales al interior de las instituciones, separando con precisión láser a justos de pecadores. Muy pronto los algoritmos antifraude nacidos en las industrias online sean aplicados a todas las actividades, para analizar cada éxito sospechoso, buscando antecedentes previos que puedan haberlo producido de mala forma.

Hoy, golpeados por la profusión de noticias de corrupción y abuso desde muchos sectores, tenemos también buenas nuevas:

la añorada transparencia tarde o temprano será una realidad, con la particularidad de que será digital.

 

Publicada en Pulso el 10/2/2016.http://www.pulso.cl/noticia/opinion/2016/02/4-79256-9-las-empresas-de-cristal.shtml

Lo más importante en la vida!

¿Alguna vez se han preguntado de donde vienen los océanos? Toda esa agua tuvo que proceder de algún lado, ¿no? Pues un nuevo artículo que se publica mañana en Science, disponible en acceso previo vía web, arroja algo de nueva información al respecto, confirmando una teoría propuesta en marzo de este año.

 

Resulta que 700 kilómetros debajo de la superficie está el manto terrestre y en el hay una piedra color azul que contiene un “océano” gigantesco. Esto funciona como evidencia de que el agua salió de la tierra y no llegó en un cometa, como algunos geólogos habían postulado. Esto podría, también, ayudar a explicar porque los océanos se han mantenido con casi el mismo tamaño durante millones de años.

 

Para detectar este cuerpo de agua se mandaron 2000 sismómetros para estudiar las ondas generadas por 500 terremotos. Estas ondas se mueven por el interior de la tierra y se pueden detectar desde la superficie. Midiendo la velocidad de las ondas en diferentes profundidades se puede calcular que tipo de piedra es la que se atraviesa. Así se encontró el agua, porque las ondas tardan más en recorrer piedra húmeda que piedra seca.

Cientificos descubren un gigante "oceano" a 700 km debajo de la tierra

La piedra en cuestión es Ringwoodita, un nesosilicato, que fue “crecido” en laboratorio y sometido a las intensas presiones y temperaturas como las que habría 700 km bajo la superficie. Las mediciones experimentales ayudaron a verificar que hay una capa de este material dividiendo el manto, y que la presión y la temperatura son perfectas para extraer el agua de Ringwoodita, “como si estuviera sudando”.

 

Hasta el momento la evidencia indica que el “océano” se encuentra debajo de los EE.UU, pero próximos estudios quieren demostrar que el anillo de agua se extiende alrededor del planeta. Actualmente un segundo cristal de Ringwoodita se ha encontrado, dando más credibilidad al descubrimiento.

Fuente: "FayerWayer"

Solo un Conde podría darnos esta lección de vida...

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Fuente: "El Mercurio - Sábado"

Todo nos relaciona!

Caos y orden del Cosmos...

Edgardo Vogel conversa con el Premio Nacional de Ciencias 1981, Igor Saavedra, y con la psicóloga de la U. Católica Margarita Ovalle, sobre el libro “Mitofísica: Mitología y Física. Caos y orden del Cosmos”. Diario y Radio Uchile

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